| El impresionante salar de Uyuni |
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| Thursday, 10 de July de 2008 | |
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El salar de Uyuni es el más grande del mundo, pero su característica principal es que se encuentra....en Bolivia. El boliviano es un ser que parece de otro planeta: no conoce el agua caliente (ni siquiera si está indicado sobre un cartel luminoso en lo alto de su hotel), ni la sonrisa, ni las rutas (ya lo mencioné) ni en fin, otra palabra además de "gringo" para calificar eso que comúnmente llamamos "turista". Su mundo está hecho con autobuses humeantes, amortiguadores reforzados, camionetas 4x4 nuevas con adhesivos que llevan el nombre de multinacionales, paredes pintadas y repintadas sobre las elecciones y eslogans tipo “Evo lución”.... En unas palabras, venimos a buscar a Bolivia algo que encontramos con dificultad: el exilio. Y el salar lo ofrece. Un inmenso desierto de sal de una blancura virginal que no se marca a pesar de los innumerables vehículos que lo penetran. Decidimos ir hacia allí luego de que Gonzalo pasara la noche reparando la bomba de nafta que siguió goteando. Pasamos el día en el Salar y permanecimos allí por la tarde padeciendo el frío para admirar el atardecer de Uyuni. Gonzalo trató nuevamente por la noche de reparar el tanque. Al otro día, Vincent decidió definitivamente seguir viajando solo, su incertidumbre en cuanto a su futuro pesaba mucho, tanto que prefirió hacer una pausa en su viaje y quedarse unos meses en Sucre. Te agradecemos por todas las hermosas fotos tomadas! En nombre del Proyecto H2: muchas gracias! En cuanto a nosotros, tomamos nuevamente la ruta hacia el norte. Y 30 km después el auto se paró misteriosamente. De todas formas quiero aclarar que fue la última vez que el auto se paró! Pasamos la noche en Oruro y llegamos luego de dos días a La Paz. Permanecimos allí una semana, el tiempo necesario para que Gonzalo cambiara los 4 amortiguadores y para informarse por la embajada argentina que el trámite para renovar su pasaporte es muy complicado! Por lo que luego de unos días decidió regresar a Mendoza, sin alcanzar el objetivo que juntos habíamos propuesto: ver el Machu Picchu. Gonzalo fue para mí más que un mecánico. Se integró al equipo perfectamente. Su estilo y su humor generaron una excelente atmosfera de trabajo y de clima grupal. Como ya se lo comenté: la puerta del escarabajo queda abierta! Y habrá siempre un lugar disponible si logras liberarte de tus obligaciones… Quedamos solamente Elise y yo, dejando atrás La Paz, sumergiéndonos hacia otro país, otro destino, pero siempre un destino de aventuras! |
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